Cada celda = ₡100.000 millones, a setiembre de 2026 (cuadros oficiales 913 y 150 del BCCR). Pase el cursor (o toque) cada celda. Primero la estructura; abajo, la dinámica.
La lectura: de toda la liquidez del país, solo 4,3% es efectivo en la calle, 35,8% son en realidad dólares depositados — y aparte, el BCCR mantiene congelado el equivalente a un tercio de esa liquidez (el encaje que exige a los bancos, los bonos con que esteriliza los colones que creó comprando dólares, y la caja del Gobierno). (Contrapeso: congelar colones cuesta — los BEM pagan intereses —, pero hoy las reservas rinden más: según el BCCR, a agosto de 2026 sus ingresos por intereses superaron a sus gastos en ₡44.884 millones.)
Cada día, en el Monex, unos venden dólares (les sobran) y otros los compran (los necesitan). Si vende más gente de la que compra, el precio baja. No hay misterio — el misterio está en QUIÉNES están en la sala y quiénes no.
Sumado todo, la ventanilla queda en +$567M/mes de superávit — sobran dólares todos los meses. Pero esperá: falta alguien en la sala.
−$387M/mes
RECOPE, ICE y el resto del sector público no bancario son el mayor comprador de dólares del país — y por ley tienen PROHIBIDO comprar en el Monex. Le compran directo al Banco Central, por fuera del mercado.
La demanda que el diseño le quitó al mercado equivale a unos 7 de cada 10 dólares del excedente de ventanilla. La balanza no está inclinada solo por la naturaleza: le quitaron la pesa más grande de un lado.
Con el mayor comprador fuera de la sala, cuando el precio rompe el piso solo queda uno para sostenerlo: el BCCR y sus compras "de estabilización".
El BCCR ya no acompaña el mercado en los mínimos: ES el mercado. Y aun así, el dólar baja.
¿Y esas compras logran revertir el día? Cada punto es un día de 2026 en que el BCCR entró a comprar dólares para sostener el precio. Hacia la derecha, más plata gastó ese día. Hacia abajo, más cayó el dólar ese mismo día. Un día de compra que cerrara al alza aparecería sobre la línea de cero. Cuente cuántos hay.
En los 58 días que el Central compró, el dólar cerró a la baja los 58. Ni el día récord — $118 millones el 25 de febrero, la mayor compra en un día de toda la flotación — logró revertir la caída de ese día. Una advertencia honesta: esta nube NO mide cuánto habría caído el dólar sin las compras — el BCCR entra precisamente los días que cae, así que este gráfico no puede responder esa pregunta (los promedios por tramo de la leyenda describen los días de compra, no la eficacia de la compra). Lo que sí documenta es más sencillo: en 2026, ninguna compra, de ningún tamaño, bastó para cerrar un solo día al alza. Y la película siguió: del 17 de setiembre al 5 de octubre el BCCR no compró — trece sesiones — y en ese vacío el TC subió hasta 460,45 el 1 de octubre, su nivel más alto desde el 4 de junio. El 6, el 7 y el 9 de octubre volvió a comprar ($31,5, $14,1 y $25,7 millones) y esos días el dólar también bajó (−₡1,37, −₡0,62 y −₡1,18): los puntos 55 a 57 cayeron como los otros 54. Tras once sesiones sin comprar, volvió el 27 de octubre ($52 millones, el día de mayor volumen del año) y ese día el dólar también bajó (−₡1,20): el punto 58 cayó como los demás. Y una parte viene de afuera: el 16-set la Reserva Federal de EE.UU. subió sus tasas por primera vez desde 2023 y el dólar se fortaleció en el mundo; el mínimo del colón fue al día siguiente. Ya pasó antes: en mayo-junio el BCCR estuvo 15 sesiones sin comprar, el dólar rebotó… y la apreciación siguió. La lectura inversa carga la misma advertencia: tampoco es un contrafactual limpio. Y una precisión más: por ley (art. 87) estas compras buscan evitar "fluctuaciones violentas", no subir el precio — con esa vara, un análisis de El Financiero de los episodios 2015-2026 encontró que el BCCR sí redujo la volatilidad en febrero, aunque no frenó la tendencia. Es la arena y el boro que en Chernóbil tiraban desde helicópteros: toneladas sobre el núcleo, y el núcleo seguía ardiendo — la pregunta que esta investigación sigue poniendo a prueba es si faltaba arena o si el problema era el diseño.
Desde finales de 2025, Hacienda coloca bonos "internos" en euros que compran no residentes: dólares/euros de deuda entrando al mismo circuito. El Banco Central se los compra y sus reservas — que llevaban dos años planas — despegan:
El Banco ya le compró a Hacienda €1.944 millones de esos bonos-en-euros, mes a mes. Y la caja de esa deuda (el Fondo General: $6.472M a julio, 5% del PIB) durmió en el BCCR sin ganar intereses durante 4 años — mientras el país pagaba cupón por ella. Desde agosto empezó a ganarlos: el BCCR presupuesta pagarle a Hacienda ₡64.000 millones en 2027 (acta 6340).
Qué era el AZ-5: en un reactor RBMK, el botón de apagado de emergencia. Por un defecto de diseño que nadie documentó, al presionarlo las barras de control insertaban primero grafito — y durante unos segundos el reactor se ACELERABA en vez de apagarse. En Chernóbil, esos segundos bastaron.
El AZ-5 de esta historia son los eurobonos: $13.500 millones de deuda externa nueva, vendidos como el freno. El argumento oficial: "sustituir deuda interna cara por externa barata y aliviar la presión sobre el mercado local". El riesgo de diseño que este expediente documenta: los dólares de esa deuda entran por las mismas puertas que ya desbordaron la balanza — y este mercado tiene DOS puertas traseras, no una:
🚪 Puerta 1 — el comprador ausente (SPNB): RECOPE, ICE y el resto del sector público no bancario tienen PROHIBIDO por ley comprar dólares en el mercado: se los compran directo al BCCR (~$4.000M/año que el Monex nunca ve como demanda).
🚪 Puerta 2 — el vendedor directo (Hacienda): el Gobierno Central tampoco vende sus dólares en el mercado: se los vende directo al BCCR. Consta en las notas al pie del propio cuadro de intervención: $542 millones comprados "a una entidad del SPNB" en diciembre y enero — las fechas exactas en que Hacienda convertía su deuda en euros.
Y este botón ya se presionó antes, en miniatura: cuando el Congreso no aprobó más eurobonos, Hacienda emitió €3.000 millones de bonos "internos" en euros (2025-2026) que compraron inversionistas extranjeros — eurobonos con otro nombre. En las cuentas fiscales figuran como deuda interna; en la balanza de pagos del BCCR, como deuda EXTERNA. Esos euros entraron por la Puerta 2, engordaron las reservas (que despegaron exactamente ese mes tras dos años planas), y su caja quedó dormida en el Central. El resultado está en la tapa de arriba: más hielo, más dólares, menos colón en la calle.
Presionar el botón grande — $13.500M, nueve años — repetiría ese circuito multiplicado: más oferta de dólares sobre un mercado sin demanda pública, con el comprador de última instancia (el BCCR) ya en récord histórico de intervención y sus reservas 27 puntos sobre el techo. Esta es la hipótesis central de esta investigación — lo que los datos documentados hasta ahora apuntan: que el botón no frenaría el reactor; lo aceleraría. La seguimos poniendo a prueba con cada dato nuevo. Y la factura ya es visible: la apreciación y la desinflación le costaron a Hacienda ₡373.390 millones de recaudación en 2026 — certificado por la Contraloría, firmado por el mismo ministro que impulsa el botón. (Para ser justos: el mismo tipo de cambio le rebajó ₡110.000 millones al servicio de la deuda, y el faltante se cubre con deuda interna nueva — II Presupuesto Extraordinario, exp. 25.803.)
"¿Por qué suponemos que ₡450 es el piso? Puede ser ₡440, ₡430 o menos. Nadie lo sabe." — G. von Breymann, ago-2026. Al 17 de setiembre: ₡446,80, el mínimo número 56 del año. Desde entonces el dólar rebotó (ver la nube); nadie sabe todavía si es una pausa o un cambio de tendencia — y la temporada alta de dólares (turismo, aguinaldos) apenas empieza.